Todo se quedó igual como si nunca tocaste nada.
La oscuridad insípida, pero no lo suficientemente negra es la misma.
La cómoda cama, la incomoda almohada y las sabanas circulares son las mismas.
La velocidad del ventilador es la misma.
Las ventanas, las cortinas que hacen pasar igual la claridad siguen en su lugar, el gato que ni si quiera en mi casa vive, y los perros que ladran a los autos son los mismos.
El viejo que recoge botellas en la avenida, el peso del mundo en mi espalda, esa presión que hace la cama en mi mejilla y esos súcubos que me miran fijamente cada vez que de repente despierto, son los mismos.
El hambre de madrugada, los vasos de agua que nunca faltan, el reloj de la sala que marcan las 3 de la mañana y el té verde que relaja son los mismos.
Estos pensamientos en mi cabeza de dolor, de miedo, de furia, de alegría, de desprecio, de deseo, de sed, de estupidez, de recuerdos lúgubres, de cosas inciertas son los mismos.
Los sueños feos de muerte, de tsunamis y volcanes que hacen erupción, de verme perdido a mismo en el balcón, de montañas gigantes que están hechas de peste, son los mismos hasta los sueños mas inertes.
La ansiedad extrema que me atormenta cada noche, de tener que lidiar con tanto y de poder hacer tan poco, el estrés que ha hecho que mis nudillos estén rotos, es la misma.
Todo esta en su lugar, casi intacto como cuando te fuiste, mmm bueno casi todo y puede que siga así cuando regreses.
Pero solo cambio una cosa.

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