lunes, 19 de junio de 2017

The Cabin

The Cabin:

El peso en mis piernas y mi vientre, estaban aplastando mi entrañas,
pero no lo sentía todo el tiempo, el leve desmayo me ganaba,
y la atmósfera llena de extraños me hacia volver a mi espacio,
ciento treinta kilómetros por hora,
los principios de la mecánica clásica me hacían viajar,
me hacían trasladarme respecto al tiempo como un objeto imparable contra ningún cuerpo inamovible.

El abanico lanzando aire caliente,
la espera y las pesetas sonando en sus manos,
adelante o atrás, no importaba nada, simplemente llegar rodeaba mi cabeza,
para brindar en la naturaleza, para reír alrededor del fuego,
para pisar mi propia tierra, tierra por la cual no luche para ser mía,
baja la temperatura sube la altura,
flechasos caen del cielo y un escudo oscuro nos protege,
soy un objeto invalido en un ambiente isobárico.

Tomo fuerte una cintura y de nuevo soy imparable,
mi ojo izquierdo sufre, mi brazo derecho se esfuerza luchando contra la gravedad,
mi cuerpo cual máquina en búsqueda de glucosa en búsqueda de su boca,
dando en cada paso un engranaje hacia la vida, una ofrenda al universo,
un sacrificio hacia la aventura, un ruego hacia el destino.

Pero aquí no hay nadie, solo yo, las rocas, el valle y las otras máquinas.
El ciclo de la vida hace su función convirtiendo mi oxigeno en CO2,
uno punto cinco metros por segundo, uno punto veinticinco millones de pulgadas,
tesla versus trump,
mike tyson versus mozart,
yo versus el mundo,
peleas absurdas con inmensas desventajas.

Y el rayo de esperanza se escapa y con ella tambien la luz,
la niebla se asoma, me abraza, se rie, y charla,
mi destino esta lejos, y yo estoy tan solo,
me siento vencido, me siento agotado, me siento en el suelo, y miro hacia atrás,
regreso en mis pasos, lamento mi derrota, escribo mi historia y me rio a solas,
diciendo a la vida, a la muerte y la suerte, "Soy un objeto insignificante contra un cuerpo inamovible".

Hallo refugio, cobijo en los brazos de la buena vibra,
estoy todo sudado y me duele una costilla, el frio me ataca pero me alivia,
favores se cobran que no se olvidan, no se de mi, no se de nadie,
verde y azul los colores del silencio que me rodeaba,
blanco y negro el ruido que en este viaje me acompaña.

Hora de las brujas estoy cansado, buscando venganza contra tal coloso,
cuasi héroe del olimpo, cuasi Colón en las indias,
cuasi conquistador con aptitudes de cartógrafo,
a su majestad el viento le pido su autógrafo,
las gallina corean su canto, el viaje retorna,
las runas se asoman, la puerta no cierra, no quiere ser cerrada,

Sintiendo el violento, inverosímil boicoteo,
tomo todo lo que me ata al mundo, todo lo que me ata a la vida,
todo mi ser, todo el universo, su falda se agita con el viento,
se agita por el hostil terreno donde camina, donde castiga,
donde me carga y me deposita, dándome necesaria inhalación, para mi condición.

Mis pantorrillas comienzan a ceder ante este peso,
el peso en mi centro de gravedad,
mas el momento respecto a mi espalda,
mas la aceleración gravitatoria,
menos la brisa y la fricción en mis botas quemadas por la fortuna,
buscando una ayuda, buscando a mi musa.

Paso a paso, respiro a suspiro,
neblina y colina, el descanso rondaba entre lo nulo y lo inexistente,
quedaba mucho, quedaba poco, quedaba loco ahogado en soliloquios,
en gritos unidireccionales dirigidos al trópico,
una onda de sonido, una perturbación en el medio.

Cuatro millones de milímetros, ciento veinte beats por minuto,
siento mis dos mecanismos forzarse a actuar, forzados a sobrevivir,
forzando el batazo, la bola que se va de home run dentro del Parque,
ya recorri todas las bases y celebro la ocasión.

Y la odisea acaba, y te tengo domado,
ante mis pies, ante mi tribu, antagonista,
anteponiendo antiguos reflejos, y nuevos senderos,
setenta y dos mil pies marcados en el suelo,
la bondad del anhelo, la luz al final de rio, el caudal al inicio del tunel.

La perseverancia premia al final del camino,
el abrazo el Hermano,
la palmada del amigo,
la bendición del compadre,
el alivio del amor,
la ternura de la belleza,
el sentido de pertenencia,
cual objeto valioso,
en su refugio cerrado con llave,
en su caja fuerte cerrada con clave.

Un péndulo sostenible, en un hábitat biodegradable,
encima de lo sublime, al borde de lo irreconocible,
en búsqueda de lo intangible, sintiendo lo imposible,
lo audible, lo probable, en carencia de lo amable y del hambre a lo noble,
sufriendo lo alcanzable, encontrando lo incalculable,
hallándome a mi mismo, despertando mi instinto,
hallando lo bello de este mundo, extirpando todo lo inmundo.
Un objeto insignificante con un valor inimaginable.
Un objeto imparable contra un cuerpo increíble.